
Karim Benzema no lo tiene nada fácil en las concentraciones de la selección francesa. Si ayer soymadridista desvelaba las razones del ostracismo que sufre con los Blues a causa de un gravísimo enfrentamiento con Raymond Domenech, el seleccionador del once del gallo, el especial caracter del lyonés no ayuda en nada a que el futbolista tenga algo de peso específico entre sus compañeros, o al menos el suficiente para encontrar apoyos de jugadores que reclamen su titularidad.
Y es que Karim Benzema apenas habla con el resto de integrantes de la selección, ni siquiera con su compañero en el Real Madrid Lass Diarra, ni tampoco con sus ex en el Lyon. El único amigo que tiene Benzema en el vestuario de los Bleus es Franck Ribéry, y ambos, de caracteres similares, van a lo suyo sin dejarse ver demasiado con los demás. A Benzema se le ve solo de dos formas en las concentraciones francesas: o hablando con Ribéry o escondido tras los enormes cascos que le conectan con su Ipod.
Para colmo de males, Benzema y Ribéry están enfrentados a todo el resto de jugadores. Mientras que Ribéry no traga a Samir Nasri, a quien no dirige la palabra desde hace dos años, ni a todo su grupo dentro de la selección (Ben Arfa, Gourcouff, Lloris, Menez, el propio Lass...), Benzema es considerado un bicho raro por los veteranos y le han hecho el vacío: le consideran un futbolista arrogante e irrespetuoso que sólo mira por él mismo. Así, Henry, Abidal, Carraso, Evra, Malouda, Govou o Toulalan no han movido ni moverán un solo párpado por él.
De este modo, Benzema es un bicho raro en una selección dividida en una lucha de clanes entre los más jóvenes y los más veteranos, y en el que el único jugador nexo entre esas dos generaciones, Franck Ribéry, es cuanto menos igual de raro que Karim. Y los dos son los dos apestados, sin apoyos de sus compañeros ni el beneplácito del seleccionador.