
El latigazo de Wernbloom en el último suspiro del CSKA-Real Madrid jugado ayer tarde en Luzhniki elevó las tablas al marcador, pero el tanto encajado en la prolongación de un partido de Champions no es algo nuevo para Jose Mourinho. Porque el gol del sueco es el séptimo que un equipo entrenador por el preparador portugués concede en un descuento (o prolongación, como quieran) del máximo torneo europeo.
Mourinho, con el de ayer, lleva ya 90 partidos de Champions a sus espaldas. Y en siete ha encajado goles después del minuto 90 y sin que hubiera prórroga de por medio. Un 7,7 por ciento, normal que el de Setúbal no perdiera la compostura en la rueda de Prensa posterior. Hasta el momento, en las seis ocasiones anteriores, todos esos goles encajados (dos en liguilla y cuatro en eliminatorias, cinco contando el de ayer) no han conllevado nunca la eliminación de un equipo entrenado por Mou.
El camino lo inició Delibasic, del Partizán de Belgrado, quien marcó el gol de honra de su equipo en el 2-1 ante el Oporto de Mou en Das Antas, Champions 03-04. Esa misma temporada, el brasileño Elber anotó el 2-2 final de un Lyon-Oporto en la vuelta de octavos de final, pero estaba todo resuelto: los Dragoes habían vencido 2-0 en casa.
La verdadera prueba de fuego de goles postreros le llegó a Mourinho en el Chelsea, durante la campaña 04-05, cuando en una misma eliminatoria su equipo encajó tres goles superado el tiempo reglamentario. Ballack puso fuego a la eliminatoria Chelsea-Bayern de cuartos de final al anotar el 4-2 en Stamford Bridge en el minuto 92. Y en el partido de vuelta, Guerrero y Mehmet Scholl marcaron en el 91 y en el 93. El 3-2 a favor de los bávaros, pese a todo, no fue suficiente.
La cuenta estaba cerrada, hasta ayer, precisamente en el Real Madrid: en el partido ante el Dinamo de Zagreb disputado en el Bernabéu, Tomecak superó a Adán y puso el definitivo 6-2 en los videomarcadores del coliseo blanco.
