Estimado Sr. Mourinho:
No sé si en algún momento podrá leer esta carta, este mensaje, que escribo en nombre de los que mantienen este pequeño rincón de locura madridista. Pero nos da igual. No debe Vd. estar atravesando por buenos momentos porque hay heridas que escuecen y más si algunos se empeñan en no dejar que cicatricen echándole más sal.
Pero no todo es sal. Piense en todos los madridistas que confiamos en Vd. para sacar adelante una nave gigantesca, rodeada de tiburones, que aparecía encallada desde hace mucho tiempo, y que estamos aquí para ayudarle. La gratitud por haber conseguido devolver la estima de este equipo en la Copa de Europa, su competición, tras tantos años embarrancado en octavos de final; por haber logrado ganar una Copa del Rey que no se conquistaba desde que Vd. ni siquiera sospechaba que iba a ser entrenador; por haber cuajado esta misma temporada una primera vuelta sensacional, dejando cinco puntos por detrás al considerado por muchos el mejor equipo actual pese a haber perdido con él en el primer duelo cara cara; esa gratitud es lo mínimo que podemos ofrecerle.
Sé que Vd. mira alrededor y sólo ve tiburones. No todos lo somos. Seremos menos ruidosos, no tendremos poderosos aparatos mediáticos a nuestro alcance para que nuestra opinión cuente en medio de inmensos intereses económicos. Pero existimos. Y nuestra opinión cuenta, claro que cuenta. Estamos aquí. Es Vd. nuestro entrenador, el que llevábamos soñando durante años. El que coge el timón con fuerza, marca el rumbo y nos guía a buen puerto. Avanti!
Todos cometemos errores. Seguro que esta carta abierta a Vd. será considerada por muchas personas como uno de los de esta página. Pero aquí tiene Vd. muchas manos a las que asirse. Muchas más de los que algunos quieren hacer ver. Siga adelante: nunca jamás encontrará un traje más perfecto que el que le ofrece el Real Madrid Club de Fútbol, aunque haya que lucirlo por un camino embarrado y pedregoso, con traidores a unos valores y a unas normas sólo por conseguir granjearse una mejor posición en su ámbito. Todos las hemos sufrido.
No se rinda, don José. Recuerde a Martín Fierro y pregúntele a don Alfredo di Stéfano. "Toro en mi corral y torazo en corral ajeno", señor Mourinho. Y si hace falta que nosotros le ayudemos a quitar piedras del camino, no tenga la más minima duda de que así lo haremos. Porque Vd también es nuestro entrenador.
Atentamente:
Miguel Queipo de Llano
Jorge Calabrés